1 de mayo de 2012

ME DA MIEDO

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Me da miedo besarte,
acercarme a ti esta noche y romper las fronteras entre tus labios y mi corazón que no deja de nombrarte,
me da miedo lastimarte,
que no entiendas el lenguaje de mis latidos y confundas un beso con solo un beso,
que no te despierten latidos al roce de mi mano sobre tu mejilla,
que sea un cruel momento y nada más que eso,
que te duela cada piedra que cae del muro  de aire que nos separa,
que llores por las distancias que se acortan,
que extrañes la lejanía,
la usencia,
las despedidas sobre los horizontes sin ti y sin mí,
que suspires los recuerdos de otras miradas
y los sudores de otra espalda te arañen las huellas que quedan bajo tus uñas.


Me da miedo besarte,
acercarme para decirte en un idioma más directo que el silencio entre tú y yo podemos volverlo eco de latidos,
de miradas a quemarropa,
de finales de ayunos,
de protestas contra vidas pasadas sin nosotros,
sin tus manos y sin mis ojos sobre tu nuca preparándose a recorrer tu espalda hasta tus caderas,
me da miedo quebrarte y quebrarme en un te amo,
que me pese despertar tan lejos de ti y no reconocerme sin tu mirada que me diga quién soy y que soy a tu lado,
me da miedo que no te encuentres junto a mí,
que no halles lo que buscas en mis manos,
en mis ojos que no hacen más que doler sin mirarte,
de mis dedos que no dejan de adormecerse lejos de tu rostro,
de este corazón que entra en coma cada día sin poder decirte todo lo que late por ti.


Me da miedo que despiertes,
despertarte con el ruido de mis pinceles,
con los pasos que dan mis ojos sobre tu cuerpo mientras duermes,
mientras te recorro dormida desde esta trinchera detrás de tu puerta donde la luz de la Luna sirve de cómplice para mirarte sin que me veas,
para acariciarte en silencio sin que me sientas,
para grabar en mi memoria cada uno de tus suspiros y buscar entre tus murmullos
mi nombre.



Me da miedo acercarme y que de mis labios se escape un beso hasta tu frente
y que despiertes
y no sea yo quien esperabas en tus sueños,
me da miedo,
tanto,
que he preferido salir por la ventana y quedarme detrás del cristal para no seguir respirando el aroma de tus sueños
y controlar esa adicción a verte dormida
mientras sueñas a tantos kilómetros, que no sabes que estoy aquí afuera
temblando de miedo y no de frio.

6 de febrero de 2011

EL HOMBRE QUE PREFIRIÓ DORMIR CON UN FANTASMA PARA SEGUIR SOÑANDO

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No sé cuando comenzó todo, no recuerdo el momento exacto en que todo comenzó, pero todo sucedió sin que hubiera manera de evitarle, tan inevitable fue lo que paso después, como inevitable fue la partida prematura de ella.

Los días sucedáneos a la muerte de ella, él encontró que nada de lo que hiciera tenía sentido, ya nada ni nadie le esperaba en su horizonte, y era inútil todo aquello que el tratara de hacer, para levantarse y superar lo sucedido, o para reencontrarla en algún lugar y volver a reconocerse en sus ojos, en el brillo de su sonrisa, en la tibieza de sus brazos; supongo que debe de ser difícil seguir adelante sin la persona que te enseño que la vida tiene un sentido, que cada cosa que viviste fue necesaria vivirla para llegar hasta ese punto en que sus ojos se fijaran unos en los del otro, que cada caída, que cada tropiezo, que cada lagrima o sonrisa contenida, era necesaria latirla tan solo para poder vivir ese latido que duro el tiempo juntos, y más difícil debe de ser cuando ese sentido es el que soñaste tantas noches, así que supongo que era normal el que él se sintiera así, perdido, vacio, sin nada en las manos y sin nada que buscar para seguir adelante, ya no había nada adelante, nada, nada que pudiera hacerle regresar, y encontrar de nuevo la luz de la Luna sonriendo todas esas noches juntos.

Nada le quedaba ya, nada que pudiera regresarle los latidos dentro del pecho, aquel hombre ya no era nada, porque quien le enseño a ser todo, había muerto, y junto con ella murió un poco de él, o bastante, no lo sé, quizás solo quedo lo suficiente para que sus pies siguieran arrastrándose de regreso a ningún lugar y que los muebles no reclamaran su ausencia, no lo sé, no sé qué quedo de él, y que se fue con ella, pero supongo que después de haber amado de la manera en que se amaron, debió de irse con ella también él, aunque siguiera llenado huecos en los muebles, y en las calles y en el humo que se condensaba en el jardín por donde solía salir de madrugada para buscar el rostro de su Luna, de su amor, no se que se fue y que quedo, de él, de ella, de los dos juntos, como tenían que ser, como siempre estuvieron, aun antes de encontrarse, porque cada cosa que vivieron fue para llevarlos a su encuentro, a mirarse y reconocerse, y ya no soltarse, así que supongo que debe de ser difícil saber qué quedo de él, de ella, de los dos, juntos, siempre juntos.

Lo que me hace constar que quedo algo de él era su llanto, noche a noche, día a día, su llanto, sus sollozos preguntando el porqué de las cosas, sin entender lo que había pasado, sin entender porque la vida, Dios o el destino habían sido crueles al dejarles encontrarse tan solo para separarlos de la manera brutal en que los habían separado, ¿Qué caso tenia? ¿Por qué si por fin eran felices, alguien se le había ocurrido terminar con aquello? ¿Por qué si por fin sus vidas cobraban sentido, llegaba la muerte a quitarles lo ganado, lo merecido? La vida, Dios o el destino, nadie le respondió, o por desganas o por falta de cinismo, no lo sé, pero lagrima a lagrima se preguntaba lo mismo, aferrándose a que todo aquello fuera mentira, a que todo aquello fuera una pesadilla, y obligándose a despertar, dormía, perdiéndose para poder encontrarla una vez más, un sueño más, un latido mas, aunque fuera uno bajito, uno susurrado, uno en un suspiro, de esos que apenas agitan la llama de una vela, de esos que apenas y balancean las hojas de los arboles, de esos que se pierden rozando alguna nube.

Solo los rastros que dejaban surcos en su rostro, dejaban ver que aun había algo de él, que aun existía algo a lo que se le podía llamar él, pero la ausencia de ella le pesaba demasiado, supongo que debe de ser así después de encontrar en ella el sentido de su vida, el amor que tanto deseaba y que creía no merecer, hasta que llego ella y le enseño que todo lo vivido había valido la pena para llegar hasta sus ojos, que todo lo que había pasado antes era tan solo la senda que la acercaría a ella, su ella, su Luna, su vida, su amor, y sin ella, no quedaba nada en sus manos, en sus ojos, en sus días sucedáneos, en su corazón, no quedaba ya nada, y quizás fue por eso que fue cubriéndose con los recuerdos.

Los días que dormía eran para buscarla en sueños, las noches que despertaba eran para encontrarla en los recuerdos, así detuvo su vida, detuvo el tiempo, y poco a poco volvió a latir su corazón, cada vez que después de encontrarla en sueños despertaba con una sonrisa secándole las lagrimas, cada vez que pasaba las noches hablándole a los recuerdos que como huellas ella había dejado en sus muros, en sus colores, en el eco escondido de sus pasos bajo el parquet, sonriendo de nuevo entre sorbo y sorbo de café, mirándola la noche entera a su alrededor, sonreía de nuevo, latía de nuevo, vivía de nuevo, supongo que de manera irracional, pero se sentía vivo, y los muebles le regresaban la sonrisa, y las sabanas le abrazaban contentas regalándole algunas veces el aroma de ella que la noche escondía en el viento, o en el pico de una estrella, y los pinceles se le trepaban por las manos para jugar de nuevo con sus dedos regalándole la sonrisa de ella al verlo trabajar, y sin que nadie lo supiera volvía a sentirse vivo.

Supongo que prefirió esconderse porque aquello era una locura, pero supongo que su locura debía de hacerlo muy feliz, como para hacer a un lado todo y quedarse al lado de ella, ella que se volvió su fantasma, y volvía a salir a la calle, recorriendo los lugares que había recorrido con ella, y se sentaba en las mismas bancas, en las mismas sillas, en los mismos lugares donde con ella había encontrado lo que tanto había buscado, lo que tanto había esperado y que solo en ella había encontrado, así que regreso a todos los lugares para encontrarse con ella y su fantasma, y en voz alta le hablaba a la silla vacía, a las hojas secas descansando en los adoquines de algún parque, al de café frio que por horas le miraba medio vacío, y llego a todos los lugares una vez más con ella, y volvió a encontrarle sentido a sonreír, a caminar, a pintar, a latir, de nuevo para ella, de nuevo por ella.

En casa nadie sabía que le había hecho levantarse, no entendía el porqué de nuevo sonreía y salía al trabajo y había dejado de llorar, no entendían pero le miraban feliz, le miraban tranquilo, así que evitaron hacer preguntas, pues poco sabían de la historia entre ella y él, poco sabían de lo que uno era para el otro, pues tanto ella como él eran extraños para los demás, así habían aprendido a vivir, callándose lo que eran, siendo desconocidos conocidos para los demás, pero eso fue lo que les hizo reconocerse, pues se mostraron por completo, uno al otro, se conocieron como a nadie más se habían dejado conocer, se dejaron ver como nadie más los vio, y se reconocieron enseguida, sin preocuparse si alguien más les entendía, bastante largas serian las explicaciones que tendrían que dar para justificar aquello que sentían juntos, y el porqué se habían reconocido, solo ellos lo sabían, porque los dos fueron extraños para todos, menos para ellos.

Así que en casa poco se atrevieron a preguntar para poder entender porque o como él había dejado el llanto atrás, y simplemente lo dejaron seguir adelante, supongo que si hubieran sabido el porqué, les hubiera parecido una locura, y tendrían razón, él sabía que tendría razón quien lo considerara loco, o irracional por aferrarse a seguir de la mano de un fantasma, pero era feliz, de verdad que era muy feliz, cada que le decía te amo al viento, cada que susurraba el nombre de ella antes de dormir pidiéndole que de nuevo lo dejara abrazarla una noche mas, era feliz cada que miraba las estrellas y platicaba con su Luna recordándole todas las cosas hermosas que pasaron juntos, cada que le recordaba hasta los enfados y su manera de reconciliarse para dibujarle de nuevo sonrisas a ella borrándole sus pucheritos, era feliz, volvió a ser feliz.

Pero sintió miedo de que volvieran a quitársela, sintió miedo de que volvieran a separarlos, así que fue alejándose de todo y de todos para quedarse con ella, para que lo dejaran con ella esta vez, se quedo en silencio cuando le preguntaban porque sonreía, se tapaba los ojos cuando alguien le preguntaba en que fijaba la mirada cuando perdida imaginaba que estaba ella a su lado, se escondió por miedo a que no lo entendieran, por miedo a que lo obligaran a dejarla, por miedo a que también muriera su fantasma, así que se encerró dentro de el mismo, sello las puertas de garganta, apago las luces que iluminaban su camino, se envolvió en un capullo para que nadie viera su corazón que de nuevo latía el nombre de ella, se encerró a solas con su voz, con sus recuerdos, y caminaba por las calles borrando sus huellas para que nadie supiera que por ahí habían pasado los dos, él y su fantasma.

Así fue que se perdió, así fue que se escondió para proteger lo único que le quedaba, lo único que tenia y que le hacía latir de nuevo su corazón, así fue como prefirió dormir con un fantasma para poder seguir soñando, ahora nadie los separaría, ahora nadie les quitaría ni sus noches, ni sus días, ni las sonrisas de ella, ni los suspiros de él, ahora podían estar juntos por siempre, como tantas veces se juraron estar, ahora seguían amándose, ahora él seguía adelante, trazando los horizontes que junto a ella había creado, ahora él y su fantasma eran felices, aunque nadie lo pudiera entender, ni yo, pero él volvía a ser feliz y supongo que eso basta.

25 de noviembre de 2010

SOÑABA

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Soñaba con encontrarte,

Soñaba con mirarte por primera vez y reconocerte y que me reconocieras.

Soñaba con tus latidos pronunciando mi nombre, con tus ausencias y las mías muertas en el asfalto de ciudades lejanas, esparcidas por fronteras, por autopistas que no llevaban a ningún lugar y donde fantasmas habitaban repitiendo encuentros

Soñaba con terminar las esperas, con tocar tu puerta un día y que me dijeras bienvenido

Soñaba despertarte insomnios para columpiarnos de la Luna

Soñaba con atardeceres bajo lluvias de hojas rojas tomado de tu mano, abrigarte para quitarte el frio, ganar el tiempo mientras vemos a los demás perderlo a prisa

Soñaba con terminar tus rutinas, tus monotonías, y sacar el tedio en una bolsa de basura a cada atardecer, a cada regreso

Soñaba con océanos donde naufragaba para encontrarte en una isla

Soñaba con perderme para poderte encontrar, y que te perdieras cada vez que las ganas de soltar latidos te recorrieran la nuca

Soñaba tantas cosas, cosas buenas y cosas mejores,

Soñaba con tus bostezos, con tus neuróticas horas de trabajo que ahuyentaba con mis cursilerías, tus desgastados tacones y esos percudidos tenis que te ayudaban a regresar corriendo junto a mi

donde todos los latidos dicen tu nombre

Soñaba con llenarte de mimos, que toleraras mis cursilerías, que sonrieras ante mis descuidos, y que fueras tú la razón de mis madrugadas multicolor

Soñaba que fueras el mejor motivo, y que yo para la ti la mejor excusa para quedarse, no el frio, no la lluvia, no el reloj que indicaba que ya era tarde, que simplemente al partir tuvieras ganas de quedarte porque te faltaba una madrugada más

Soñaba despertarte susurrando un te amo mientras acariciaba tu cabello, con desayunos entibiándose mientras la faena de tu arreglo estaba en marcha

Soñaba con tu chípil puchero cuando un mosco te picaba, con tu gesto sonrojado después de sorber la sopa

Soñaba que me perdonabas y que no tenía nada que perdonarte

Soñaba y soñaba, no hacía más que soñarte, soñé tanto que un día ya no desperté y me quede soñando, hasta que llegaste, y vi que no era yo con quien soñabas…

Y deje de soñar-te

Y deje de soñar

17 de agosto de 2010

NI DE TI,NI DE NADIE.

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Quisiera ser esta noche lo que nunca fui para ti, ni para nadie,

cobijarme entre tus pensamientos, dentro de ti,

latir tus susurros, los que esta noche dentro de tus sueños, mencionan el nombre de otro que no soy yo.

Quisiera saberme parte de ti, y que te sepas todo este vacío que tiene tu nombre,

que te sepas en mis esperas,

en mis ausencias con todos, incluso contigo,

que te encuentres palpitando entre mis dedos, todos los te amo que cada noche riego sobre una Luna que sin rostro espera tener tus ojos,

que te sepas en este miedo de perderte sin siquiera tenerte,

que te sepas en estas ganas de escapar lejos de todo,

pero sobre todo de mi,

de este yo que no puede tenerte,

que no sabe tenerte,

que no es nada de lo que tus ganas buscan,

nada de lo que tus promesas alimentan,

nada de lo que en fríos mañanas desees tener para olvidarte de que quizás no haya mañanas.

Quisiera ser tu noche tanto como tú eres mis días, y mis tardes y mis madrugadas sin ti

esperando que desees llegar,

que quieras quedarte,

que te des cuenta de que es por ti por quien espero,

por quien laten las soledades ajenas, tuyas, mías, de quien se asome y se pierda,

de quien te robe en tus silencios los besos que yo no supe hacerte sentir.

Quisiera que fueras esta noche quien decida quedarse,

quien encuentre en mi lo que tú no puedes encontrar aquí,

junto,

cerca,

en este hueco que soy y que comprendo no te baste,

y que duele que no baste,

y que hiere matando de a poco lo poco que soy sin ser lo que quisiera ser para ti,

pero que no puedo ser,

porque no soy tu otro,

tu aquel,

tu él,

ese con quien haces a un lado los tiempos de manos juntas,

de abrazos eternos,

de posibilidades inmensas pero inciertas,

ese él,

que te hace lastimarme con omisiones,

con tus sonrisas a medias

y con esa mirada que sobre mi dejas caer mientras pareces preguntarte si será todo mejor a su lado,

si te extraña como yo te extraño cuando estás conmigo,

sin estar,

sin ser tú,

y sin ser yo ese,

tu él,

tu latido disimulado que pretendes no descubra,

mientras finjo no verlo,

cuando no me veo en tus ojos,

cuando no me veo en tu vida,

cuando no encuentro en esta vida más que las ausencias de ti,

y estas ganas desquiciadas de ser yo,

de ser a tu lado,

de ser simplemente, quien esta noche sea todo lo que jamás pude ser para ti,

ni para nadie.

22 de junio de 2010

SINCEROS

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Después de seis años, casi siete, después de seis años, casi siete, vienes a aparecer, vienes a sonreír, vienes a preguntar, a contar, a recordar, a dejar una foto dedicada, a buscar la taza de café como te gustaba que te la preparara, a buscar debajo de mi almohada algún resto de mis sueños tratando de descubrir si en ellos estuviste tú, tú después de seis años, casi siete.

Preguntas lo que ha sido de mi, preguntas lo que ha sido de mis pinceles y de mis tazas y de mis semillas y de mis plantas y preguntas a mis tenis por los lugares que anduvieron y preguntas a mi ventana cuantas veces la luna entro por ella y preguntas a mis manos si recuerdan, si aún recuerdan y preguntas con demasiado interés, preguntas con demasiada ansiedad, preguntas.

Después de seis años, casi siete, llegas a contarme lo que ha pasado en tu vida y los que han pasado por ella, me cuentas de tus besos y de tus intentos por encontrar mis labios en los labios de alguien más, ¿eso cambia algo? ¿Cambia algo de estos seis años, casi siete, el que me buscaras en los labios de alguien más? ¿Cambia el saberme en tu memoria cuando alguien te besaba, cuando alguien te acariciaba? ¿Cambia el que me vengas a decir, tomándome las manos, que buscabas mi tacto cuando alguien más buscaba dentro de tu escote? ¿Cambia algo el saber que mi nombre no lo olvidaste, que era mi nombre el que te hacia morderte los labios cuando alguien te recorría hasta el centro de tus placeres? ¿Cambia algo el escucharte confesarme que pasaron otros, pero me esperabas a mí? ¿De verdad crees que cambia algo de estos seis años, casi siete?

Me preguntas si te espere y te respondo que no, que no te espere, que no te esperaba, que no esperaba a nadie, ni a nada, que me arte de los besos por gratitud, que me arte del sexo por compasión, que me fastidie de buscar en mi reflejo ese algo que decías me faltaba, que revente los espejos para no verme, que revente hasta mi sombra para no tener que ver nada de mí, que no hay lugar dentro de mí al que puedas entrar porque no quedan paredes dentro de mí, porque derrumbe lo que tenia dentro, porque tire piedra a piedra el lugar donde guardaba lo único que pude darte, lo único que pude ser, que no hay habitaciones donde puedas dejar tus cosas, tus palabras, tus lagrimas, tus sueños, que ya no queda lugar para ti, ni para nadie.

Después de seis años, casi siete, no pretendas que me importe para quien fuiste puta o santa, o bruja o princesa de cuento, o la licenciada en relaciones internacionales, no pretendas que me importe quien te esperaba en la habitación de un hotel, o con quien recorrías la casa de habitación en habitación desnuda, no pretendas que te crea cuando me llamas amor, cariño, te espere, regrese, no pretendas que entienda que lo importante no es a quien besabas, si no que era en mi en quien pesabas, eso no me basta ni hoy, ni en estos seis años, casi siete.

Después de seis años, casi siete, sigo siendo lo mismo que no pudiste amar, sigo siendo el incompleto que veías en los reflejos, sigo siendo quien a tu lado no iba, sigo sin tener ese aire de hombre que me reclamabas, sigo sin tener más que manchas en las manos, sigo siendo el pintorcito que te causaba vergüenza, el que no entendía que tenía que hacer más que pintar, sigo siendo yo, el mismo que sangraba al bajar del auto, el mismo que fui a tu lado, pero con la única diferencia de que ya no queda nada de amor dentro de mí, ya no amo como te ame, ya no lato como quise latir para ti, ya no, ya aprendí, aprendí después de seis años, casi siete, lo que no puedo ser para nadie, lo que no pude ser para ti y si bien tengo algo que decirte después de seis años, casi siete, si algo pudiera decirte seria que te agradezco el haberme enseñado todo lo que me enseñaste, agradecerte por quitarme la venda de los ojos y dejarme ver lo que en realidad soy, lo que en realidad fui, agradecerte por enseñarme a verme como soy y no mas, ni menos.

Después de seis años, casi siete, perdóname si no te veo como te veía, pero mis ojos aprendieron a ver las cosas como son y no como el corazón quisiera que fueran y al verte aquí, ahora, sorprendida de lo que te digo, sorprendida de que suelte tu mano, sorprendida de que no seque tus lagrimas, sorprendida de que no me importe que era yo en quien pensabas, sorprendida de que esta vez no te prepare café, sorprendida de que la cama sea nueva, de que mis cuadros no te miren, sorprendida de que no haya dentro de mí un lugar donde puedas refugiarte, sorprendida de que ya no sea el mismo pendejo que todo te creía, que todo te perdonaba y para el que siempre fuiste mas santa que puta, mas tú que licenciada, mas mi amor que tu escote al que todos entraban, mas todo, pero ahora que te miro, eres más nada, después de seis años, casi siete, ahora los dos vemos lo mismo, me viste vacio y ahora te miro tal y como eres, tal y como yo soy.

Después de seis años, casi siete, lo único que podía hacer al verte es sincerarme aunque mi sinceridad diga que ya no eres nada para mí, que no queda nada para ti, ni para nadie, y sinceros lloremos, tú por lo que ya no puedes ser yo por lo que ahora soy.

11 de junio de 2010

DESPUES DEL ADIOS

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¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Hace cuantos sueños no te sentías amada? ¿Hace cuantos latidos no te sabes tú, siendo tú y solo tú? Pasamos del ser todo a ser ahora los enemigos que afilas sus cuchillas en cada mirada, en cada palabra y se hieren y se desangran y fingen sentir placer al ver al otro moribundo, cuando en realidad pesa colocar la navaja sobre la yugular del otro, del otro a que amamos, del otro al que le dimos todo, te di todo, me diste todo y sin embargo aquí estamos o en esto terminamos, siendo como otros siendo el enemigo de quien amamos ¿recuerdas que te amo? ¿Aun lo recuerdas? Y no hablo en pasado pues el amor es atemporal, asi como lo fuimos tu y yo, tú que vivías en mi futuro, yo que te ataba a mi pasado, quizás fue precisamente el vivir nuestro momento a destiempo lo que ahora nos hace armarnos y ser asesinos de lo que quisimos ser, ¿pero nos faltaron ganas? ¿Que nos falto? ¿Tú lo sabes? Porque para serte franco yo no entiendo aun como caímos en este adiós ensangrentado.

Y mírame que sigo sin zafarme de este desfase de días y de años y de excusas y de razones, en que ahora que ya no hay nada que rescatar, sigo sosteniéndome a algún recuerdo para entender donde se quebró el jarrón que guardaba los besos que por las mañanas te hacían sonreír, sin saber porque o para que naufrago entre estos recuerdos, entre todos esos futuros tuyos y esos pasados míos y ya no sé que es ahora, que es hoy, que es este momento en que lato sin control todo lo que sentí cuando tomaba tu mano al cruzar la calle, cuando te vi por primera vez bajo aquel puente cubriéndote de la lluvia, cuando me reconociste en tu futuro, cuando te rescate de mis pasados, de mis desganas de haberte encontrado, de haberte buscado, de mis cansancios, de mis tardes regresando a casa sin ti y ahora estabas, y ahora ya no estás y ahora ¿Dónde estamos?

Pasan los días y no estás, llegan los futuros que se convierten en un parpadeo en pasados y no te encuentro como dijimos estar y no te veo ya aquí, ni allá donde estas, donde sigues sin estar por estar en este momento perdido entre lo que fuimos, lo que quisimos ser y lo que ahora ya no somos y herimos y nos herimos y salen las distancias a hacer treguas, a firmar tratados de paz en que se declare el cese al fuego, el cese a las agresiones, a los besos ajenos para pretender que todo sigue adelante, cuando sabemos que no es asi, que este momento aun sin ti y sin mí, es nuestro, es nuestra agonía, es nuestro duelo, nuestro olvido de olvido, pretender que te olvido, saber que me olvidas, pero el amor no muere y seguimos doliéndonos al hacernos daño y el amor no abandona y sigues aquí entre la almohada que anida tus besos y tu ternura al roncar y tus sonrisas al despertar y mi insomnio embriagado de ti, de esa manía de verte perdida en un mundo onírico del que al despertar me enteraba de su color, de su aroma, de su sabor, y sabían tus besos a sueños, y sabían a recuerdos, a futuros, a tu sonrisa al despertar y verme con la ropa cubierta de pintura mientras le restabas importancia al tener las sabanas con manchas nuevas, ¿Dónde despiertas ahora? ¿Dónde sueñas? ¿Dónde vas cuando cierras los parpados hinchados y despiertas con los labios apretados? ¿Dónde meto mi insomnio ahora?

Somos ahora un momento en que aprendemos a dejarnos ir, para aprender a seguir amándonos, aunque sea lejos, aunque sea por el recuerdo de lo que fuimos, de lo que quisimos ser y dejar que pese mas lo bueno que vivimos, lo bueno que quisimos vivir, que este adiós maquillado de navajas, de rencores de odios, de no quiero volver a verte, de nunca fui feliz, de cerrar un libro y comenzar de nuevo a escribir en páginas en blanco, sabiendo que en aquel librero dentro de uno, están las hojas que narran la historia que jamás vivimos, y dejamos de odiarnos porque a pesar del final, cada latido que pasamos juntos valió la pena.

10 de junio de 2010

DE AMOR Y PINCELES

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Asi como cuando pinto al amarte sé que no sé hacerlo, y me siento cada noche frente a ti sin saber que decirte, sin saber cómo besarte, sin saber cómo llegar hasta tu pecho y grabarte con un beso la firma de mi amor por ti, asi como cuando pinto al rozar tu nuca cuando te abrazo por la espalda para que concilies el sueño, termino soñando que estas junto a mi por primera vez y me siento un primerizo que se sonroja si le ves las ojeras, si le buscas los labios, si le nombras sin nombrarme, en silencio, mientras sorbes tu café y tomas mi mano para decirme que estas allí, que eres real, que no te irás, pero resulta que asi como cuando pinto, llego a ti sin saber cómo legar, sin saber si puedo verte de nuevo sobre mis noches como te vi hace tantos años sobre cada manchón de pintura que aprendí cada noche a derramar sobre una tela, sobre esta tela en blanco que me vuelvo cada noche que estas aquí.

Asi como cuando pinto, al amarte sé que debo de aprender todo de nuevo y reeducar a mis dedos para que aprendan a tomar el pincel sin temblar de miedo, sin temblar cuando descubren un lunar sobre tu espalda, sin temblar cuando delineo tu cintura, asi como cuando pinto al amarte debo de aprender a descubrir de nuevo cada parte de tu cuerpo, y aprender a verte y aprender a sorprenderme a cada paso que das, a cada bostezo y suspiro y cuando tallas tus ojitos de madrugada y me dices que tienes sueño y te abrazo por primera vez y me besas por primera vez, sabiendo que ya no serás tu con quien despierte, que será otra a quien tenga que aprender a amar, a quien tenga que aprender a escuchar y besar y entenderle sus pucheros y entenderle sus enfados y aprender a cambiárselos por sonrisas, a tomar el frasco de aguarrás para borrarle los grises salados que hay en sus mejillas y borrarle con paciencia lo que a ella le desespere de sí misma.

Asi como cuando pinto, al amarte me declaro un ignaro y de nuevo aprendo a descubrirte la piel y a lidiar con los botones de tu blusa y a seguirme sorprendiendo ante el asombro que es ver los claroscuros de tus muslos y tus costillas y tus caderas y por primera vez recorrer tu espalda y por primera vez mezclar el siena con el carmín y mezclar tus ganas con mi inexperiencia, y aprender de nuevo a decirte te amo, y aprender de nuevo a escucharte decirme de tus mil maneras que también lo haces, y aprendo cada día a tu lado todo de nuevo, asi como cuando me siento cada noche a aprender a aprender, a intentar sacarle una pincelada al pincel que ya no es el de ayer y tus besos me saben diferente cada noche, y tu piel se siente diferente a la que sudo ayer y conservas tu nombre pero lo pronuncio diferente a el que pronuncie ayer y mi voz te lama con un temblor nuevo y mis nervios al acurrucarte por las noches cuando compartimos nuevos sueños son otros nervios a los que venciste ayer con tus piernas amarradas a mis sueños, pero me sigo sorprendiendo que ante tanta inexperiencia de mi parte y ante tanta primera vez, quieras seguir volviendo cada noche al lado de este aprendiz que quizás no te ame igual que ayer, pero que sigue amándote como la primera vez

Quizás no sea el mismo de ayer, quizás no pinte igual que ayer y sea otro el aire que me cubre y sean otras las humedades que secan la pintura, quizás sea diferente este hueco que respira y bosteza y sonríe frente a ti, quizás no sea yo quien ayer se sorprendía cuando tomaba tu mano y mi mano no sea ya la que tomabas ayer, quizás sea tan solo mi nombre lo que reconozcas, o mis ojeras sean más cargadas que las que ayer te hicieron tallarme los ojos para hacerme dormir, quizás sean otros los cabellos que se enreden en tus dedos mientras me besas como ayer aunque no sean ya mis labios ni los tuyos, los mismos que se perdieron anoche para iniciar la batalla de cada madrugada, quizás no sea la misma sangre que hace latir mi corazón por ti, pero debes de saber que estas ganas de amarte son las mismas con las que cada madrugada te espero hasta que llegas para enseñarme, una vez más como aprender a amarte.



4 de junio de 2010

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No hubo latido tuyo que necesitara para seguir latiendo tu nombre, que desde el principio tuve claro que no eran los ecos de tu pecho para mi, y si me preguntas no me arrepiento de haberme consumido en esperas por ti, no valía la pena seguir vacio cuando podía llenarme de tu ausencia, de tus manos que no reservaban caricias para mi, de tus besos que no tenían ni un suspiro con mi nombre, no valía la pena tenerte miedo cuando más miedo tenias tu y por eso siempre fuimos tres o cuatro o los que fueran necesarios para que tu miedos no te hicieran enamorarte, y seguir fingiendo que eras feliz, que eres plena y dichosa, cuando tus sollozos insomnes eran la única verdad tras el telón de tus escenarios, aquellos en que compartías sabanas y almohadas para dejarte de sentir vacía mientras la fuga de tu pecho se hacía más grande.

Es entonces que el tiempo a tu lado valió la pena, pues sin tener razones me dejaste verte desnuda, mas allá de esa desnudez con la que cualquiera podía satisfacerse, te desnudaste de piel, de nombre, de tedio, de mascaras, de botones forzados por dedos torpes, de sujetadores despreciados por vándalos que solo buscaban dejar huellas sin importar lo profundas que fueran, te desnudaste de tu licenciatura, de el cargo en tu empresa, te desnudaste de los papeles de la oficina y de las cuentas que pagar, de la hipoteca vencida, de la alacena vacía, te desnudaste sin miedo a que te viera asi, andando de un lado a otro de la casa con el alma al aire, con los sueños marchitos, con los deseos moribundos, con tu supuesta felicidad tan infeliz, te desnudaste para verte con la farsa que mostrabas a todos remojándose en la lavadora.

Asi bien ahora que estas tan lejos tengo al menos el recuerdo más sincero de ti, la imagen más pura, la verdad detrás de tus orgasmos fingidos, el puchero detrás de tu vulgar sonrisa, la verdadera mujer detrás de la licenciada, y si bien ame todas tus ausencias y tus cartas debo decirte que te ame mas por tu desnudes, por tus fracasos, por tus lagrimas a media noche, por tus miedos a quedarte vacía mientras te vaciabas mas, te ame por tus pucheros de fragilidad, por tu enfado contigo misma al desecharte a las sabanas de otros, por tu sinceridad al descubierto valiéndote de madrugada que te viera tan susceptible al llanto, a la nostalgia, a la felicidad.

Que pasaras sin quedarte no dependía ni de ti ni de mi, tu mundo está lleno de crudas realidades y el mío de falsedades durmiendo entre oleos, si bien cruzamos un momento, ahora en momento de partir y seguir, sin guardarte rencor por no quedarte pues dentro de mi hay tan poco comparado a todo lo que hay en los tres o cuatro que tu miedo necesita, sin que me guardes rencor por ser la farsa opuesta a la tuya, sin más pendientes más que el no haber entrado jamás debajo de tu blusa, ni mendigar las caricias que a los otros a granel les regalabas, pero no es pendiente suficiente para sentir arrepentimiento, para sentir que falto algo, cuando lo que en realidad falto es que tuviera más coraje para decirte

-Quédate esta noche y dejemos que todo sea distinto-

Y tú tuvieras menos miedo de decir…

3 de junio de 2010

MIEDO

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Me da miedo besarte,

acercarme a ti esta noche y romper las fronteras entre tus labios y mi corazón que no deja de nombrarte,

me da miedo lastimarte,

que no entiendas el lenguaje de mis latidos y confundas un beso con solo un beso,

que no te despierten latidos al roce de mi mano sobre tu mejilla,

que sea un cruel momento y nada más que eso,

que te duela cada piedra que cae del muro de aire que nos separa,

que llores por las distancias que se acortan,

que extrañes la lejanía,

la usencia,

las despedidas sobre los horizontes sin ti y sin mí,

que suspires los recuerdos de otras miradas

y los sudores de otra espalda te arañen las huellas que quedan bajo tus uñas.

Me da miedo besarte,

acercarme para decirte en un idioma más directo que el silencio entre tú y yo podemos volverlo eco de latidos,

de miradas a quemarropa,

de finales de ayunos,

de protestas contra vidas pasadas sin nosotros,

sin tus manos y sin mis ojos sobre tu nuca preparándose a recorrer tu espalda hasta tus caderas,

me da miedo quebrarte y quebrarme en un te amo,

que me pese despertar tan lejos de ti y no reconocerme sin tu mirada que me diga quién soy y que soy a tu lado,

me da miedo que no te encuentres junto a mí,

que no halles lo que buscas en mis manos,

en mis ojos que no hacen más que doler sin mirarte,

de mis dedos que no dejan de adormecerse lejos de tu rostro,

de este corazón que entra en coma cada día sin poder decirte todo lo que late por ti.

Me da miedo que despiertes,

despertarte con el ruido de mis pinceles,

con los pasos que dan mis ojos sobre tu cuerpo mientras duermes,

mientras te recorro dormida desde esta trinchera detrás de tu puerta donde la luz de la Luna sirve de cómplice para mirarte sin que me veas,

para acariciarte en silencio sin que me sientas,

para grabar en mi memoria cada uno de tus suspiros y buscar entre tus murmullos

mi nombre.

Me da miedo acercarme y que de mis labios se escape un beso hasta tu frente

y que despiertes

y no sea yo quien esperabas en tus sueños,

me da miedo,

tanto,

que he preferido salir por la ventana y quedarme detrás del cristal para no seguir respirando el aroma de tus sueños

y controlar esa adicción a verte dormida

mientras sueñas a tantos kilómetros, que no sabes que estoy aquí afuera

temblando de miedo y no de frio.

20 de marzo de 2010

¿QUE PODRIA SER MEJOR?

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Así al final del día ¿Qué nos queda? ¿Qué puede ser mejor que hacer un recuento de las sonrisas que dimos?

y de aquellas que se estrellaron en nuestras pupilas sonrojando nuestro rostro y haciendo que inevitablemente bajemos la mirada ante tal golpe, hermoso golpe.

¿Qué puede ser mejor que saborear aquellos besos que aun nos humedecen los labios?

incluso aquellos que no dimos por vergüenza, por falta de ganas, por miedo o quizás, quizás por temor a romper los kilómetros de distancia que hay entre ella y nosotros, entre él y ella.

¿Qué puede provocarnos más ganas de meternos bajo las sabanas?

que aquellas caricias acumuladas a lo largo de nuestros inviernos, de nuestras soledades, de nuestros suspiros y un te quiero que se escapo de nuestro pecho cuando ella cruzo por la ventana del camión, mientras nosotros fugazmente la miramos, un instante, solo un pequeño parpadeo que basto para que su imagen nos acompañara durante todo el camino de regreso a casa.

Y ella sin saberlo mientras se pierde entre la multitud de aquel crucero en espera de una luz verde que le permita cruzar la calle para tomar el camión, quizás el mismo en el que nosotros íbamos, puede ser, quizás si el semáforo no hubiera conspirado aquellas caricias y ese te quiero hubieran podido llegar hasta ella, pero es tarde y se pierde quedándose el recuerdo de su rostro entre los suspiros que vamos soltando cuadra a cuadra, semáforo a semáforo.

¿Qué podría ser mejor esta noche?

que haber estado a su lado compartiendo el recuerdo de algún accidentado encuentro, de un hola, discúlpeme andaba distraído, no le vi y mire yo recojo su bolso, permítame le ayudo con los libros, que linda sonrisa, le invito un café con la promesa de convencerle de que me perdone por mi torpeza y que sus ojos le vuelvan a brillar al amanecer cuando con un beso le despierte.

Y repetir este ensayo de encuentro cada día solo para hacerle brillar sus ojos así.

¿Qué podría ser mejor que eso? ¿Qué podría ser mejor?

Si acaso sería mejor haber tenido el valor de bajar del camión, haber sostenido aquella mirada y no bajar el rostro ante aquella sonrisa, y que aquellos besos terminaran en sus labios, y las caricias, las caricias fueran sin su piel y rozándole el alma implemente al mirarla.

Si a caso sería mejor que al terminar el día no terminara y así poder seguir soñando que tuvimos el valor de correr el riesgo y comenzar un nuevo sueño al lado de ella o de él.

Y jamás tener que hacer un recuento de esos sueños por estar ocupados viviendo más besos, más sonrisas, más caricias, mas te amo.

¿Qué podría ser mejor al final de un día, de una noche, de un sueño?

La verdad es que no los sé y me resisto a dejar de hacer recuentos de sueños perdidos y comenzar a olvidar.

20 de febrero de 2010

MI PRIMERA VEZ

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...

¿Cuándo sentiste frio por primera vez?

¿Recuerdas tu primer chocolate?

¿Recuerdas tu primera taza de café?

¿Recuerdas el primer día que sentiste esa aceitosa pastita de colores entre tus dedos?

¿Recuerdas la primera vez que bostezaste?

¿Recuerdas la primera vez que sonreíste?

¿Recuerdas tu primer sueño?

¿Recuerdas tu primera pesadilla?

¿Recuerdas el primer arcoíris que te estrello colores en las pupilas?

¿Recuerdas la primera vez que sentiste miedo?

¿Recuerdas la primera vez que fuiste valiente y te negaste a dejar de soñar?

¿Recuerdas la primera vez que un colibrí te hizo estornudar haciéndote cosquillas en la nariz con sus alas?

¿Recuerdas la primera vez que le quisiste tomar la mano a alguien, y la primera vez que alguien te tomo la mano?

¿Recuerdas como fue abrazar a alguien que sin conocer esperabas que llegara en una estación de tren?

¿Recuerdas como fue sonreír mientras la vida te enseñaba que cada sueño por pequeño o grande que fuera se podía hacer realidad?

¿Recuerdas, recuerdas, recuerdas cuándo fue la primera vez que te enamoraste?

¿Recuerdas tu primer beso?

¿Recuerdas tu primer amor?

Pues quizás no recuerde el día o la hora, quizás ni recuerde el numero de tazas que tome hace una hora, ni el número de bostezos que doy a diario, ni el número de veces que termino embarrándome las manos con óleos. Quizás no recuerde bien si sentí frio en los dedos por que olvide mis guantes u olvide mis guantes porque quería tener frio en mis dedos, quizás no recuerde que es lo que me da miedo y tenga que soñar más cosas a que tenerles miedo, quizás no recuerde los andenes, ni los tickets de autobús porque no tengo ni idea de cuantos kilómetros tiene que recorrer un latido para hacer sentir a alguien querido, ¿los sentimientos tienen pies? ¿Cuántos paso necesito dar para que sepas que te quiero? No se siquiera si recuerdo la hora exacta en que te pensé por primera vez, y sonreí por primera vez, y te ame por primera vez, y deje que me sorprendieras por primera vez, así como hiciste hace un rato cuando te bese por primera vez.

Lo que sí recuerdo es la primera vez que fui feliz, y fue exactamente hace cinco minutos que te desperté con un beso por primera vez.



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